De algo tan básico como la necesidad y lo caduco de la misma

A lo largo de mi trayectoria profesional me he encontrado con situaciones embarazosas de todo tipo; pero sin lugar a dudas las más complicadas fueron aquellas, que estaban propiciadas por mi, pero en las que yo tenía toda la buena intención del mundo. No se si le habrá ocurrido a alguna persona; pero ha habido veces que he querido ayudar a alguien de mi equipo, y me ha salido el tiro por la culata; quizás porque yo pensaba que le estaba ayudando y para esa persona era todo lo contrario.

Eso me ha hecho aprender más de una lección, porque la sensación es bastante frustrante, sobre todo porque las expectativas son totalmente insatisfechas, y el batacazo es mucho mayor.  Todas estas situaciones me han recordado siempre a algo que llaman los mapas mentales. Concepto que se define muy bien en este párrafo de Eclosión Coaching:

Dado que no hay dos personas exactamente iguales y que, según lo dicho anteriormente, en este mundo en el que vivimos no existen las verdades absolutas, nada será blanco o negro y todo dependerá del color del cristal con el que miremos. Y por eso, ninguno de nuestros mapas mentales refleja el mundo de una forma completa y exacta.

Y esto hemos de tenerlo muy en cuenta a la hora de gestionar personas; ya que no se trata de tus necesidades, ni de tu mapa; se trata del mapa de los demás. Y aunque no lo creamos ya no existen necesidades universales. Pues esta sociedad nos hace cada vez más individualistas, algo que está muy bien simbolizado en el cuento del sacerdote Anthony de Mello:

¿Qué demonios estás haciendo?, le pregunté al mono cuando le vi sacar un pez del agua y colocarlo en la rama de un árbol.
Estoy salvándole de perecer ahogado, me respondió. Lo que para uno es comida, es veneno para otro. El sol, que permite ver al águila, ciega al búho.

De hecho hay quien dice que las necesidades son cíclicas e ilimitadas, ya que como he dicho anteriormente el entorno casi nos obliga a crearnos constantemente nuevas necesidades y para colmo muy diferentes de las de los demás. Esto hace que estemos cada vez más lejos de nuestros equipos de trabajo, o al menos que los conozcamos menos; ya que las necesidades son caducas y dar respuestas a las mismas de forma acertada será cada día más complicado. Siempre que esto nos importe, claro está.

Pero dado este panorama, lo que está claro es que dar respuesta a necesidades efímeras no será relevante para nuestros equipos. Habrá que atacar – para motivar y fidelizar al cliente interno – otros factores que son inherentes al paso del tiempo: los valores. Por eso es importante y esto lo aprendí de alguien a quien aprecio mucho, que la selección de nuestros equipos sea una selección por valores. Pues ésta mitiga las confusiones posteriores. Y no estamos hablando de competencias como “trabajo en equipo”, la cual no es necesaria en todos las posiciones de una organización; pero si el “esfuerzo” y la “fidelidad”.

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